La confesión no fue medicina del alma, sino una de las herramientas más eficaces de control, culpa y sometimiento que ha construido la Iglesia. Bajo apariencia de perdón, se manipularon conciencias, se legitimaron abusos y se vació el Evangelio de su libertad radical.
El complicado sacramento católico de la confesión, sobre el cual se creó un “mercado del perdón”.